sábado, octubre 18, 2008

VIDA DIGNA

Alexandra Ayala Marín

¿Por qué el papa, que preside el Vaticano, reconocido como Estado, “critica temas de la Constitución”, como decía ayer el principal titular de HOY? ¿Admitiríamos que el presidente de otro país, o quien actúe en la jefatura de un Estado, haga la misma crítica o se pronuncie sobre cualquier otro tema alusivo a la política interna del Ecuador? El papa es el jefe espiritual del mundo católico, podría responder usted, y el Vaticano es un Estado católico Cierto, pero eso no lo hace a él infalible, y cuando opina sobre temas políticos, como es una Constitución, se ubica en la posición de jefe de Estado.

Aunque se refiera a aspectos que atañen a la moral personal -de signo católico o evangélico o de cualquier religión- un Estado implica colectividad y pluralidad, y sus leyes deben abarcar la diversidad no solo étnica sino social, política, económica, de pensamiento y religión que alberga un país. En función de esa diversidad es que un Estado se proclama laico, o sea, independiente de creencias religiosas. De acuerdo con la nueva Constitución, Ecuador es Estado laico y reconoce la diversidad religiosa.

¿Pero por qué el papa no puede opinar sobre la Constitución, si el nuestro es un país mayoritariamente católico? Sí, en efecto, y respeto la libertad de expresión, más si la autoridad impone. Sin embargo, declaraciones como las efectuadas, aun en cónclaves religiosos, tienen implicaciones políticas, como las tuvieron las de las cúpulas católicas y evangélicas durante la campaña para el referendo. Pero el matrimonio, la defensa de la vida y la familia son temas que atañen a la religión, dirá usted. Sí, pero el matrimonio en nuestro país es también civil desde 1912; la familia y el concepto cambiaron, porque las realidades sociales y económicas empujaron a ello; la defensa de la vida y el derecho a la vida, se amplían en la nueva Constitución: el Art.66 reconoce “el derecho a una vida digna, que asegure salud, alimentación y nutrición, agua potable, vivienda, saneamiento ambiental, educación, trabajo, empleo, descanso y ocio, cultura física, vestido, seguridad social y otros servicios sociales necesarios.” ¿Hay más defensa de la vida?

Sí, el papa se refiere al aborto, al que la nueva Constitución abre la puerta, como sostienen los prelados de la Conferencia Episcopal. Como seguimos con lo mismo, insisto: ¿por qué la vida de un embrión debe tener más valor que la de una mujer, por lo general un ser en pleno desarrollo, que se enfrenta al peligro de muerte si da a luz? ¿Por qué se anula el valor que tiene un ser de sexo femenino, aunque sea idiota o demente y que ha sido violado, frente a un ser no nato? ¿Es que la mujer debe estar condenada, por el hecho de tener útero y ovarios, a cargar con una cruz que no quiso? Respóndase usted, pero yo defiendo la vida digna, o sea, desde el lado plenamente terrenal: también con capacidad de discrepar de pensamientos únicos.

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