lunes, enero 05, 2009

No a la masacre judía

La verdad que se oculta...

En enero de 2006 el movimiento islámico Hamas ganó las primeras elecciones generales palestinas (avaladas por la ONU y los organismos internacionales). Lo hizo con una aplastante mayoría del 74% sobre Al Fatah, movimiento laico del difunto Yasser Arafat. Israel calculó las ventajas de ese triunfo y por eso fue el único que no puso ningún reparo a la celebración de elecciones. Fue también, por supuesto, el primero en oponerse a los resultados. La victoria islamista le permitió llevar a cabo acciones diplomáticas y militares que llevarían a la fractura entre Gaza y Cisjordania (es decir entre Al Fatah y Hamas), y derrumbamiento de la resistencia palestina.

En agosto de 2007 Israel declaró a Gaza ‘entidad hostil’, denominación que no existe en el derecho internacional y con la que se auto otorgó la licencia de mantener la ocupación militar y de aplicar al mismo tiempo un bloqueo total de fronteras. La Franja se convirtió desde entonces en el blanco de acciones militares continuas por parte de Israel, que dejan hasta hoy un promedio de 42 palestinos muertos cada mes. Ante ese panorama, Hamas respondió con el lanzamiento de cohetes sobre el sur de Israel. Unos 2,400 en total, que han dejado un saldo total de 10 israelíes muertos, incluyendo los cuatro de esta semana.

La principal estrategia semántica para justificar la aniquilación de Gaza es vincular a Hamas al terrorismo internacional. Sumarse a la retórica incendiaria de Bush. La ecuación es simple: si Gaza está gobernada por Hamas, y Hamas es un grupo terrorista, Israel tiene derecho a aplicar el uso de la fuerza como mejor lo considere, aunque su criterio sea, como esta semana, el de bombardear escuelas, universidades, estaciones de policía de tránsito, barcos de pescadores, barcos de ONG internacionales, túneles de subsistencia, edificios residenciales, acueductos, plantas de energía, hospitales. Y sedes de Hamas, el grupo terrorista, por supuesto.

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