jueves, marzo 05, 2009

La lucha de una mujer por la causa de las MUJERES

En el lado mexicano de la frontera entre Estados Unidos y México, miles de mujeres sienten diariamente los severos, sombríos aspectos de la globalización. Ellas se vuelven esclavas de compañías multinacionales por salarios pésimos y condiciones de trabajo miserables para producir, entre otras cosas, ropas Harry Potter para la parte rica del mundo. Julia Quiñonez está peleando por la causa de las mujeres mexicanas.
Muñeca Barbie
Miles de mujeres mexicanas trabajan asiduamente bajo estrés en las máquinas de coser. Hilera tras hilera, ellas se sientan con sus cabezas inclinadas y sus manos trabajando muy ocupadas en la costura. Los vestidos de la Barbie Rosa y los negros de Harry Potter bajo el árbol de navidad son un éxito con los niños alrededor del mundo, y esto se puede sentir en las fábricas de Rubies en el norte de México. Mujeres y jovencitas se esclavizan por salarios miserables y sólo pueden soñar con ver a sus propias hijas e hijos vestidos como aquellos héroes del momento para los niños.
Es la coordinadora de la organización mexicana Comité Fronterizo de Obreras. Julia Quñonez, quien reporta sobre las condiciones de trabajo miserable y los sueños rotos. Y ella no oculta que con frecuencia es intolerable ser testigo de los lados obscuros de la globalización.
�Para millones de mujeres y jóvenes mexicanas, la vida es una lucha por sobrevivir, y esto es especialmente cierto para las mujeres que trabajan en las fábricas a lo largo de la frontera con Estados Unidos. Las mujeres reciben salarios de miseria, apenas ven a sus hijos, están expuestas a químicos peligrosos y a malas condiciones de trabajo, y se arriesgan a ser despedidas si se atreven a protestar�.
Ella está indignada a nombre de las mujeres mexicanas. Indignada de que los políticos, organizaciones internacionales, compañías multinacionales y también los consumidores del mundo dejan que esto suceda. O ellos cierran sus ojos a las obvias violaciones de las convenciones internacionales, o debido a la ignorancia, no se dan cuenta de que el crecimiento global sigue a galope pero con vidas de mujeres sobre su consciencia.
�Una semana de trabajo de 48 horas deja aproximadamente de $50 a 60 dólares estadunidenses (más o menos 350 coronas daneses, editora) de salario en las fábricas mexicanas. Eso no es para nada suficiente para una familia. Para poder sobrevivir, la mayoría de las trabajadoras tiene que trabajar en un segundo trabajo, o las muchachas más jovencitas tienen que entrar al mercado laboral para ayudar a alimentar a los miembros más jóvenes de la familia. Esto significa que muchachas hasta de catorce años de edad se desgastan y no están obteniendo una educación; y las compañías multinacionales las contratan sin dudarlo�, nos dice Julia Quiñonez.
La lista de preocupaciones es infinita en las multinacionales que se han establecido en México a lo largo de la frontera con Estados Unidos y han empleado a trabajadores mexicanos por salarios que recuerdan salarios de hambre. La gigante Alcoa emplea 15 mil trabajadores en México para producir autopartes para Ford, Volkswagen y otras armadoras automotrices.
�Los empleados de muchas fábricas trabajan con productos químicos que han sido prohibidos en los países de donde son las compañías, pero debido a que nosotros tenemos unas leyes muy laxas, las compañías mueven su producción peligrosa a México. Yo he visto a muchas mujeres con alergias, cáncer y leucemia debido a una falta total de protección para las trabajadoras�, afirma ella.
Bush ha empeorado las cosas
Los pobres trabajadores no reciben mucha ayuda de las autoridades, quienes, de acuerdo a Julia Quiñonez, ponen mucha más atención a los intereses de los capitalistas que a ayudar a la mitad de los cien millones de mexicanos que se estima viven debajo de la línea de la pobreza.
�El gobierno mexicano se agacha ante las compañías multinacionales para asegurar que los empleos permanezcan en el país. El gobierno se hace cargo de la inmensa infraestructura, de que la electricidad no falte y de que las fábricas tengan agua potable. Esto sucede en contraste con las condiciones de vida que tienen los trabajadores de las fábricas. Ellos viven en casas muy pobres hechas con láminas y con frecuencia sin electricidad�, dice ella.
A principios de los años 90, Canadá, Estados Unidos y México establecieron un tratado de libre comercio, el TLCAN, y de alguna forma el libre comercio ha estado generando crecimiento y trabajo también en el México pobre, de acuerdo a Julia Quiñonez. Sin embargo, durante los últimos años, el desarrollo ha ido en retroceso, piensa ella.
�Se ha vuelto peor desde que el presidente Bush se hizo cargo de Estados Unidos. La frontera entre México y Estados Unidos se ha vuelto una especie de laboratorio donde se permite que grandes corporaciones hagan cosas, presionen para sacar la producción, y eviten muchos requerimientos ambientales. Esto está preocupando a los trabajadores a ambos lados de la frontera, y es claro que tanto la globalización como la forma de gobierno del presidente Bush no son equitativos para todos�.
Julia Quiñonez sabe muy bien que la historia de los trabajadores no calificados en México no es única. El mismo drama clásico de explotación y de ignorar los derechos internacionales de los trabajadores sucede en todo el planeta. Desde China hasta Honduras , de Filipinas a Camboya. Y la globalización sólo fortalece las condiciones de trabajo inaceptables, piensa ella.
�Por lo tanto, nosotros también tenemos que organizarnos en redes globales. Tenemos que hacer escuchar nuestras voces al unísono y enfocar la atención de los medios y de los consumidores�.

2 comentarios:

MujeresNet.Info dijo...

Muy interesante este artículo. ¿Lo puedo tomar?

Un abrazo
Elsa

PD: Dense una vuelta para celebrar el tercer aniversario de MujeresNet.

Simone dijo...

Por supuesto, es de uds. Celebremos juntas!