jueves, marzo 05, 2009

MUJERES MIGRANTES


En el mundo, 95 millones de mujeres han migrado fuera de sus lugares de origen en busca de empleo, por reunificación familiar o para contraer matrimonio. Desde hace más de una década representan casi la mitad de todos los migrantes internacionales, estimados en 195 millones de personas. En el Ecuador, la estampida migratoria de inicios de este siglo, cambió el perfil de las personas que migran y las regiones de origen.
Si tuvieramos que hacer un nuevo perfil del/a migrante ecuatoriano/a en esta década, este tendría rostro de mujer, urbana, entre 25 y 39 años que ha partido desde la costa sur del Ecuador, tal vez de Machala o Marcabelí a países como España o Italia por motivos laborales y que probablemente encargó a sus dos hijos en manos de su madre, hermana o pareja. Según el Censo del INEC del 2001, la Encuesta Condiciones de Vida 2005-2006 y la Encuesta de Empleo del 2006 y 2007, el porcentaje de emigrantes mujeres al exterior varía el 44,6% al 51,2%. Las mujeres de la costa con un 50,2% presentan un mayor porcentaje de emigrantes laborales y si tomamos en cuenta 3 regiones (Sierra centro y norte, Austro y Litoral) el porcentaje de emigración en la costa varía según las fuentes antes mencionadas, del 25,5% al 30,6%, lo que significa casi un tercio dentro del total nacional. El área de residencia de los migrantes es en un 70% urbano y entre un 29% a un 41% de mujeres -las estadísticas varían- ha dejado a sus hijos menores en el país a cargo de un familiar.
Si le pusiéramos nombre a este “perfil” y pudiéramos llamarla Mariana, tal vez nos atreveríamos a contar su historia. Mariana en el año 2002 es maestra o tal vez enfermera, quizá tenga un pequeño negocio, casada y con 3 hijos menores de edad. Tiene una hermana que vive hace dos años en Barcelona y que debido a la crisis política y económica que ha sufrido el Ecuador en estos años le insiste en que en el Ecuador no hay futuro y que en España la espera un trabajo. Mariana pudiera cuidar algún anciano que viva solo o con hijos mayores, reunir dinero por unos años y luego regresar. Mariana tampoco cree ya en su país. Los gobiernos, la inseguridad, los banqueros, la han decepcionado y ella siente tal vez en lo más íntimo, que en otro lugar pudiera encontrar más lugar para ella, más independencia, y apoyar así a sus hijos a salir adelante.
Mariana se convence de que su proyecto de vida está en otro lado, lejos de nuestras fronteras. Se convence tanto que convence a toda su familia de que así es… y aunque en un inicio su marido se resiste, al presentarle el pasaje, éste ya no puede decir que no. Mariana entre lágrimas y promesas se embarca para cruzar el océano a una nueva vida lejos de lo que más ama.
Una vez en Barcelona y con mucha suerte Mariana encontrará un empleo, cuidando algún anciano, con un bajo salario, sin seguridad social, de donde sólo saldrá los domingos a algún parque con su hermana, para pronto concluir que ese sueldo no le alcanza y llegar a laborar en un segundo empleo por 16 horas diarias. Con este ritmo de trabajo pronto ella mejorará su estatus económico y enviará dinero a su familia, como eran sus planes.
Mariana no solo mejora la economía de su familia sino la de el país que la acoge. Sólo como un ejemplo, un Informe de la Oficina Económica del Presidente de España en el año 2006 señala que mientras entre 1996-2000 España tenía un crecimiento del PIB de un 7%, la inmigración a contribuído a elevar este crecimiento en un 40%. El hecho de que las mujeres aporten al cuidado doméstico en España ha contribuído en un 30% al incremento del trabajo femenino de las nativas (españolas). La tasa de actividad femenina en ese país se elevó en 12,5 puntos desde 1996 al 2005, así como la tasa de desempleo estructural se ha reducido en dos puntos en ese mismo período. En cuanto a ingresos netos al estado español, los migrantes han aportado en el 2005 con 23.402 millones de euros, mientras el ese estado gastó en ellos apenas 18.618 millones de euros, lo que significa como ingresos netos en ese año de 4.784 millones de euros. En tanto España tenía como expectativa de crecimiento poblacional al año 2050 era de menos 10 millones de habitantes, actualmente su expectativa de crecimiento está en torno a 53 millones de habitantes hasta esa fecha, lo que significa que el Estado Español podrá sostener su seguridad social y su economía en las próximas décadas gracias a una población joven.
Este aporte de Mariana al Estado Español, al Estado Italiano o a cualquier Estado tiene costos emocionales y psicológicos, que ella trata de superar asumiendo su rol de madre a la distancia. Mariana no olvida a los suyos, especialmente a sus hijos. Los llama por teléfono constantemente, le hace seguimiento a sus estudios, vela por sus enfermedades, media entre las peleas entre los hermanos… Mariana es casi una madre a control remoto. Sin embargo, en su vigilia y cuidados a distancia, en la permanencia de su rol de madre, Mariana está diseñando sin saberlo un nuevo tipo de familia. La llamada familia transnacional. Una familia que es extensa no sólo por su número o por la multiplicidad de lazos entre un grado familiar y otro, sino porque se extiende fuera de las fronteras y los territorios, más allá de las naciones. Los vínculos están vivos.
Ante este fenómeno, ante los hechos que constituyen la realidad nacional de un Estado como el Ecuatoriano cuyos ciudadanos y ciudadanas tienen intensos vínculos y relaciones con sus parientes al otro lado del mundo, que no son solamente económicos, surgen políticas públicas en el ámbito migratorio que intentan fortalecer esos vínculos, que intentan reconocer que las familias no se constituyen únicamente por su cercanía física o por encontrarse dentro del territorio ecuatoriano y que pretenden establecer planes, programas y proyectos que fortalezcan estas nuevas realidades.

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