Veinte organizaciones sociales y sindicales de mujeres diversas de Ecuador y Colombia se reunieron durante tres días en Bogotá para hacer lo que sus presidentes parecen evitar: escucharse y establecer una agenda común de acciones que les permita dar solución a sus problemas también comunes: la migración, la falta de empleo, la inexistencia de políticas públicas que dé cuenta de sus necesidades y conflictos particulares.
Y lo hicieron en un ambiente cálido, de sororidad. Recordaron a Simón Bolívar y lamentaron que debido a un altercado político entre sus mandatarios la libre movilidad entre dos naciones históricamente hermanadas se vea truncada y, ante ello, sean también afectadas las relaciones comerciales, culturales y políticas que durante siglos sus ciudadanos han mantenido.
Pero pasando de la queja a la acción, estas mujeres decidieron establecer líneas de trabajo mediatas y a largo plazo tomando como referencia los DESCA (Derechos económicos, sociales, culturales y ambientales) de las mujeres y las garantías que deben ofrecer los estados para que ellas puedan acceder y ejercitar dichos derechos.
La agenda completa que nació del encuentro está en proceso de pulirse determinando fechas y responsabilidades puntuales, pero lo que es claro y desde ya puedo anunciar es que todas las acciones por realizar serán de carácter binacional, en un principio, y luego buscarán extenderse a los demás países que hoy integran la Comunidad Andina: Bolivia y Perú. Es más, se anunció anticipadamente que el próximo encuentro será en Ecuador y que buscará la participación e inclusión de una mayor cantidad de actores sociales.
Esto porque nosotras, las mujeres (en toda la diversidad que cabe en el término), estamos seguras de que realmente la unión hace la fuerza, de que incidir en la CAN para fortalecer la perspectiva de géneros (así, en plural) en sus políticas para la región es un paso importante para concretar acciones positivas de inclusión social.



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