domingo, febrero 26, 2012

Silvia Buendía: Feminismo para Principiantes



En ningún lugar del mundo la palabra feminismo está bien considerada. Una tiene casi que pedir perdón por ser feminista y explicar a cada paso lo que es el feminismo y lo que no es el feminismo. Es común la ignorancia asumida de creer que el feminismo es como el machismo, pero al revés. Es decir, una suerte de hembrismo. Y es que la fobia al feminismo está absolutamente maquinada para endilgarle al término un estigma muy fuerte que habla de histeria, intolerancia y exageración. Incluso algunas personas que se autodefinen como defensoras de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, suelen aclarar que no son feministas porque eso es una postura radical.
Un mundo ancestralmente concebido como machista, sexista y patriarcal nos arrebató a las mujeres todo el poder. Conquistarlo nos ha costado mucho. Conseguir los primeros derechos, acceder a la educación, votar y ser votadas, trabajar fuera de casa de manera remunerada, manejar nuestro propio dinero fueron todos logros feministas. Las mujeres que hoy temen a la palabra feminismo están renegando de un movimiento que les ha dado la posibilidad de ser lo que hoy son. Sólo al utilizar esta palabra reivindicaremos el término. Por eso estoy aquí hoy, para hablar un poco sobre este tema.
Sucede que para empezar tenemos que dejar muy claro que hombres y mujeres no somos iguales. En efecto, somos diferentes como somos diferentes (no tanto, por supuesto) las mujeres entre nosotras y los hombres entre ellos; a pesar de compartir el mismo género.
El feminismo no sostiene que hombres y mujeres seamos iguales. El feminismo denuncia el discrimen que ha sufrido y sufre la mujer por el solo hecho de serlo. Por la característica de inferioridad que la sociedad patriarcal le endilgó hasta volverla un ser que a pesar de ser adulto estaba tutelada por un hombre para tomar decisiones o actuar en sociedad. Entonces, una cosa es que mujeres y hombres seamos diferentes y otra muy distinta es que las diferencias entre hombres y mujeres nos hagan a las mujeres menos racionales, menos inteligentes, peligrosas para nosotras mismas, incapaces, menos criticas; en definitiva: inferiores. Hace cien años en la mayoría de los países del mundo la mujer no tenía acceso a los mismos derechos que tenían los hombres, y esto no generaba ningún tipo de alarma social. Se veía como algo normal. Las luchas reivindicatorias de derechos para las mujeres han conseguido lo que hoy nos parece tan natural; pero que en su momento no lo fue. Cada vez tenemos más acceso a la igualdad de derechos.
Y sin embargo, quien diga que hoy en día la mujer ya vive en niveles de total igualdad en el acceso de los derechos está bien ciego. El discrimen continúa: más del 70% de los pobres del planeta son mujeres. Más de las dos terceras partes de los analfabetos del mundo son mujeres. El 80% de los refugiados del mundo son refugiadas. La violencia global contra las mujeres es una realidad que ninguna cultura en el mundo ha logrado superar por completo. Porque hay cosas que solo nos pasan a las mujeres. Solo nosotras vivimos con el perenne temor a ser violadas. Y no es que no exista la violación sexual a los hombres, sino que en el caso de las mujeres es un temor real, palpable, cotidiano. La violencia intrafamiliar contra la mujer suele dar paso al femicido, la forma más extrema de violencia de género: mujeres asesinadas por ser mujeres, usualmente por sus propios compañeros, casi siempre por celos. Hay países en el mundo en el que no es delito que un marido golpee a una mujer, o que la obligue a mantener relaciones sexuales. Hay países en los que se le prohíbe a las mujeres interrumpir su embarazo aun cuando han sido violadas y son menores de edad (Ecuador es uno de ellos) o en los casos en el que el embarazo será causa de muerte segura de la madre. En ningún lugar del mundo se considera la castración de los bebes de sexo masculino como parte de su tradición.
Hoy el movimiento feminista se ha alejado del concepto de que hay una sola mujer en pie de lucha con los mismos requerimientos y las mismas necesidades. Somos muchas mujeres, distintas las unas de las otras y son distintas nuestras necesidades dependiendo de nuestra edad, raza, condición social; pero sobretodo, dependiendo del lugar en el mundo en el que nos tocó nacer.
Como ven la lucha sigue y seguirá. Y si le tenemos miedo al término con el que denunciamos esta discriminación, pues ya perdimos.
Este artículo fue escrito por Silvia Buendía, Abogada Guayaquileña y originalmente lo vimos aquí

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