miércoles, junio 06, 2012

Mónica Róa: el aborto es una cuestión de derechos humanos


Hace unos días, la oficina en Bogotá de la organización Women’s Link Wordlwide en la que trabaja Mónica Roa fue tiroteada. El cristal de seguridad de los ventanales estalló y varios fragmentos cayeron sobre ella. No es la primera vez que la abogada activista de derechos humanos, de 36 años, sufre amenazas. Lleva guardaespaldas desde hace siete, cuando comenzó a litigar contra la ley colombiana que prohibía el aborto en todos los casos, incluido el de riesgo para la salud de la mujer. “Me empezaron a llegar cartas y llamadas que me decían que me iban a enviar al cielo, que hay temas ‘sagrados’ que no se tocan”, cuenta.

Roa, que está pasando unos días en la oficina que la organización tiene en Madrid, no se arredra. Lo observa todo fijamente desde sus ojos vivos, que pasean por el menú del restaurante en busca de los huevos fritos que tanto le apetece desayunar. “Me encantan”, confiesa. Los encuentra. Y sigue. “Si hay gente que busca intimidarnos es que estamos haciendo bien las cosas”, zanja. Su demanda a la Corte Constitucional logró que Colombia despenalizara el aborto en tres casos (violación, malformación del feto y riesgo para la salud de la mujer), una decisión histórica que reconoce la interrupción del embarazo como derecho sanitario. “Es una cuestión de derechos humanos, muchas mujeres mueren por no poder abortar o hacerlo de forma insegura”, dice.

Tenía 28 años cuando ganó la demanda. Y su juventud pesó. “Alguna gente pensaba: ‘Mira, aquí viene una niña que quiere cambiar el mundo’, pero esa inocencia me permitió pensar que las cosas se pueden cambiar”, dice. Desde entonces, ha recibido varios premios por su trayectoria. Incluido en 2011 el que la considera uno de los mejores líderes de Colombia.

No todo ha sido fácil. El procurador general de la nación —que representa los intereses civiles ante el Estado— recurrió la despenalización al Constitucional. “No ganó, pero desde entonces obstaculiza la ley. Una amenaza al Estado de derecho y un peligroso precedente, porque da a entender que si una sentencia no le gusta no la piensa hacer cumplir”, afirma Roa. Ahora ha sido demandada por otra procuradora por injurias.

No imaginaba este periplo de niña, cuando ya se soñaba abogada de derechos humanos. Roa, que creció en un hogar solo de mujeres, dice que le influyó ver que su padre, tras el divorcio, no pasaba pensión para el cuidado de sus hijas. “Eso tiene dos visiones: por un lado observaba los problemas que mi madre tenía para hacerse cargo de todo; por otro, nunca tuve esa figura de mando absoluto a la que recoger la chaqueta o ponerle la comida en el plato, como mis compañeras de colegio”, sonríe.

Ahora tiene claro que quiere ser mentora. Formar a abogados jóvenes para que luchen por cambiar las cosas y tratar de introducir la perspectiva de género en la justicia. Con Women’s Link da cursos a jueces para explicarles qué son los estereotipos de género y su influencia en las sentencias. “Como aquella en la que se negó un trabajo en una empresa de limpieza a un hombre porque se consideró que esa era labor de mujeres”, explica. Afirma que el trabajo con hombres, que muchas veces se descuida, es clave: “Si como feministas entendemos que los hombres tienen el poder hay que involucrarles para cambiar las cosas. Además, llegan a audiencias a las que nosotras no alcanzamos”.

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