viernes, julio 06, 2012

Marena Briones: " la absurda finalidad de querer ¨arrasar¨ con la familia "


Es tanto lo que debo agradecer a las tres mujeres de mi vida (Rina, Maruja y Elisa, mi madre y mi abuela y mi tía abuela paternas; las dos primeras, ya fallecidas) que moriré estando en deuda con ellas. De todos esos valiosos aprendizajes que me fueron regalando diariamente, cada una a su vital y afectuosa manera, hay unos que atesoro entrañablemente; entre ellos, los dos siguientes: que hayan estimulado siempre mi facultad (humana) para pensar y decidir por cuenta propia, y que los asuntos de fe no hayan sido nunca cuestiones de obligación.

Así que bien puedo decir que, gracias a esas tres extraordinarias mujeres, había entrado en posesión de una tierra entusiastamente fértil cuando mis sentidos y mi razón se abrieron a la perturbadora comprensión de que, en este espléndido pero también tortuoso y malqueriente mundo, la mayoría de los seres humanos, con pretextos de diversa índole (edad, raza, etnia, posición social, posición económica, sexo y demás), son despojados de su intrínseca dignidad, y de que algunos de esos despojos recurren a una artificiosa ¨naturaleza¨ para justificar su iniquidad. 

Si no fuera porque obviamente sería una exageración, hasta diría que soy feminista desde que llegué caseramente a este mundo. Imposible escapar de los claroscuros que tiñen la memoria, pero no recuerdo ni un instante en el que siquiera hubiere abrigado la sospecha de que, por diferentes que fuésemos unos y otras, incluso entre los mismos unos y entre las mismas otras, la condición comúnmente humana de todos y de todas no fuere exactamente la misma. En su alcance más amplio y general, sin entrar en los particulares matices de las variadas vertientes feministas, esa es la cosmovisión que reclama para sí el feminismo como teoría y como práctica, que reclama para sí la llamada perspectiva de género.

De tal suerte que son cultivadoras de una cosmovisión feminista (de género, en términos más contemporáneos) todas aquellas personas que creen en y defienden que todos los seres humanos, hombres y mujeres, independientemente de sus diferencias étnicas, generacionales, sexuales, raciales, políticas, económicas, religiosas, sociales y similares, tienen la misma dignidad (humana), son igualmente dignos como humanos, esto es, son igualmente merecedores del derecho a gozar y a disponer de unos mismos derechos universalmente básicos y fundamentales.

Así que no hay nada más alejado de la ¨ideología de género¨, ni nada que revele más y mejor cuánto se ignora –y cuánto se tergiversa- sobre ella, que atribuirle la absurda finalidad de querer ¨arrasar¨ con la familia ¨como célula básica de nuestra sociedad¨. Nada más falaz. Basta con revisar atentamente de qué no más se condena a la ¨ideología de género¨ y con qué fundamentos se pretende apuntalar tales condenas, para caer en cuenta de que en el propio seno de dichas condenas se hallan las pruebas fehacientes de su incoherencia y de su contradicción.

Todos tenemos derecho a opinar como deseemos y a discrepar sobre lo que queramos, pero el auténtico mérito de una opinión libre y de un debate fecundo se construye sin mentir.


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